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LAS VIEJAS GLORIAS SUSTITUYEN A LOS TÉCNICOS
(25 enero 2014)
Entre el Big-4, o sea, los cuatro tenistas con aspiraciones fundadas a ocupar el primer puesto de la clasificación mundial, se está abriendo paso una tendencia que consiste en confiar más en la praxis de las viejas glorias que en las teorías académicas de los técnicos. Uno tras otro, vuelven los ojos hacia el circuito de leyendas para ofrecer a los antiguos cracks un trabajo cómodo y bien remunerado.
Becker y Djokovic Lendl y Murray Federer y Edberg
En los últimos meses, varios de los jugadores más importantes del circuito, han dado un vuelco a la figura del entrenador retirando su confianza de los técnicos para depositarla en los ídolos de su adolescencia. Djokovic busca los consejos de Boris Becker, ganador de 49 títulos; Murray, confía en Ivan Lendl, que encabezó la clasificación durante 270 semanas; incluso Federer, el mejor jugador de la historia, se apoya en Stefan Edberg, 41 títulos y 72 semanas como líder.
Los primeros efectos de esta transformación se han producido en la mente del aficionado. Si hasta hace poco solamente los más entendidos conocían los nombres de los entrenadores, ahora el equipo técnico puede competir con los jugadores en relevancia hasta el punto de que más de uno considerará la eliminación de Djokovic por Wawrinka en cuartos de final del Open de Australia como una victoria de Magnus Norman sobre Boris Becker.
Toni y Rafa Nadal

Rafa y Toni, a lo suyo

Indiferente a esta tendencia, la asociación entre Rafa y Toni Nadal sigue acumulando triunfos. Uno y otro son casos atípicos. Rafa, por su patrón de juego, tan personal e intransferible, y su conducta dentro y fuera de la pista, dignificante del deporte. Toni,  porque no responde al nuevo perfil, ni tampoco al previo: no tiene un pedigree de gran jugador, nunca ocupó el primer puesto ni siquiera de la clasificación nacional, pero tampoco ha salido de ninguna Tennis Academy, ni se ha revestido con los ropones de un pope. Lo que aporta a su pupilo es más sencillo que todo eso: confianza, sensatez y apoyo por encima de cualquier contrato comercial. Parece que eso es lo que vale.
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